Hero (Ying Xiong): Color monocromático

Christopher Doyle vuelve a sorprendernos, esta vez bajo la dirección de Zhang Yimou, con un film que utiliza la variedad monocromática como parte esencial de la historia.

Héroe (como es conocida en España) sorprendió no solo al público asiático sino al americano y europeo, convirtiéndose prácticamente en una de las obras audiovisuales de temática sobre artes marciales mejor valoradas hasta el momento.

No puede decirse que sea una gran historia, ni siquiera que el argumento esté demasiado elaborado, pero el tratamiento que hacen de cada una de las escenas en esta superproducción  por parte de los actores, la fotografía, arte vestuario o sonido, es realmente un compendio de perfectas técnicas de rodaje que logran obtener un resultado sorprendente y de tan alto nivel.

Es sabido que Christopher Doyle no trabaja en cualquier cosa, y cuando aceptó el papel como director de fotografía en esta pieza sabía bien a lo que se enfrentaba: su trabajo era crear un sólido apoyo narrativo tanto de la historia principal como de las subtramas en forma de flaschback que desarrolla la película. Su herramienta: el color. Y así Doyle se embarcó en un proyecto en el que reina prácticamente el estilo monocromático en cada una de diferentes secuencias. Así es, cada una de las subtramas, a su vez asociadas a unos personajes y lugar concretos, se caracteriza por estar teñida en el mismo color, no con efectos de postproducción ni nada parecido, sino con la propia puesta en escena. 

Se nos presentan así lo que podríamos clasificar como cinco capítulos más una introducción, siendo ésta última la única parte en la que no se muestra una clara dominante de color. Los sucesivos capítulos aparecen completamente teñidos por diferentes colores de manera perfecta: indumentaria, arquitectura e incluso la naturaleza (suelo, montañas y cielo) están sincrónicamente entintados en las mismas tonalidades que solo en contadas ocasiones rompen la monotonía.

Estos son algunos ejemplos del monocromatismo en cada uno de los cinco capítulos:

Lo más lógico es pensar que con esta partición según los colores pretende transmitir al espectador determinadas emociones y sentimientos en cada una de las escenas; pero nada más lejos de la realidad. Doyle afirma que no intelectualiza su trabajo ni recurre a complejos simbolismos, llegando a decir que es el “anti Storaro”, refiriéndose al prestigioso director de fotografía Vitorrio, que si utiliza el cromatismo y cada haz de luz para transmitir algo en concreto a través de las complejas teorías simbólicas del uso de la luz y color.

Apartando todo este complejo universo de colorimetría, merece nombrarse también el increíble trabajo de composición con el que de nuevo nos seduce el australiano. Perfectas diagonales creadas a través de una sucesión de llamas de vela  que nos conducen hasta el protagonista, puntos de fuga por repetición, un marco de puerta que construye un plano dentro del propio plano enmarcando acciones principales dentro del formato… y como estos, un innumerable sinfín de recursos que plano tras plano consiguen deleitarnos con esta sencilla pero a la vez elaboradísima historia falta, y a la vez llena de color.

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